Todo empezó la fría tarde del veintiocho de enero de este mismo año, 1906. Corrían rumores de que alguno de los tipos poderosos y peligrosos pretendía causar una de las mayores catástrofes que la humanidad ha padecido desde hace ya unos cuantos años. Repetidos pasos se oyeron en el largo pasillo antes de que alguien se decidiese a pasar, decidido y con una sonrisa maligna, mientras levantaba todavía más sus ya elevadas cejas. Cuando llegó a la sala que buscaba, dentro del Palacio, su voz fue clara y firme: “Todos los que no sean políticos como yo se van a jubilar más tarde, así arreglo la crisis”.
Y olé, ¡qué valor! Decir eso en una sala en la que la mayoría de la gente está dispuesta a vivir su vida como jubilados a partir de los… no sé… ¿cincuenta años? ¿cincuenta y cinco? La verdad es que tiene un mérito notorio, es una forma fantástica de arreglar la crisis. Para los futuros ricos como yo eso no debería de ser problema, porque probablemente estemos en un estado parecido a la jubilación a los veinticinco, pero es fascinante la forma con la que alguien es capaz de solucionar los problemas. Yo no estoy en contra del gobierno (del todo) ni en contra de que propongan nuevas formas de arreglar los problemas, pero no creo que dirigir esto orientándolo a los problemas económicos sea una buena idea. La jubilación funcionará el día en que se decida que las personas deben trabajar equis años en su vida hasta tener “y” (equis queda mejor) dinero en sus cuentas y puedan repartirlo como su futuro pastón pre-moribundos. Así no habrá gente que se columpie durante sesenta años ni gente que trabaje durante cincuenta y muchos sin más que un par de semanas de vacaciones cada verano.
Lo que necesitamos es voluntad, damas y caballeros, que realmente se propongan ideas y se esfuercen para hacer cambios. Lo que no es justo es que haya ricos banqueros jubilándose prontito y otros obreros trabajando a los sesenta y siete años. No es por mí, que yo sería de los banqueros, sino por todos aquellos cuyos trabajos no permite que estén tan viejunos por ahí. Y declaro, como debería ser declarado en todos los lugares, que este país no debe ser el primero en decidir que la gente perderá dos años más de libertad así por el morro.

És la solució que han trobat, hi ha massa població gran a Espanya, però d’aquí uns anys serà MOLT pitjor, i a nosaltres ens tocarà la pitjor part, pels nostres nets, en canvi, serà millor!
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Oriol Reply:
febrero 5th, 2010 at 14:31
Pero es que cuando los nietos disfruten de nuestro trabajo, nosotros ya estaremos muertos y nos dará igual.
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